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María Música Sepúlveda se le pasó la mano al arrojarle
una jarra de agua al rostro de la Ministra de Educación Mónica Jiménez. Se salió de madre y se jactó con soberbia de su hazaña. Miró al sol con los ojos abierto en señal de arrogancia. Levantó el puño amenazando y lo dejó caer con intención de agredir. Luego, miró para todos lados, esperando recibir los halagos de sus pares, palmaditas en la espalda y un “te pasaste”. Al lado, como escudero, su madre con el ceño fruncido, una mujer que debería tener más cabeza que su hija pero que resultó tener menos neuronas que ella. No sólo la respaldó sino que la justificó. Son madre e hija, pero parecen amigas y esa combinación, créame, no es buena. Un jarro de agua a una Ministra de Estado, era el mayor triunfo para una mocosa de tan solo catorce años, algo así como quién le toca la oreja a un rival mayor y sale invicto. La muchacha no tiene conciencia de lo que hizo ni de la gravedad de su acto. Hoy vive de la fama mediática, de las entrevistas de los medios por haber desafiado al Estado al arrojarle una jarra de agua a una delegada del gobierno.
Por otro lado, medio asustados, como queriendo y no queriendo, el Colegio de Profesores dijo entender a la estudiante. Eso le costará caro al gremio, que está perdiendo credibilidad al no sancionar a una de sus pupilas que, derechamente, metió las patas. Un gremio que forma gente; con valores, que insta a sus alumnos a llegar a la universidad y convertirlos en profesionales, hombres y mujeres de bien, padres de familia, madreas con profundo sentido social… ¿qué arrojen agua a la cara de alguien cuando no están de acuerdo? Momentito. Algo no cuadra aquí. El ladrón no puede ir tras el juez ¿verdad? Entonces el que justifique la irresponsabilidad de la muchacha que cruzó el umbral del respeto humano, del dialogo y el derecho fundamental de discrepar y llegar a un consenso, está actuando como ladrón persiguiendo al juez. Además, los mismo profesores se quejan del maltrato que reciben sus colegas en las aulas y hoy aparecen justificando la agresión de la adolescente.
Así como tuvo la osadía de mostrar la hilacha, deberá tener la misma gallardía para enfrentar la sanción, porque de seguro no se irá con las manos vacías. Pero se lo timbro y se los firmo, esta niña dará que hablar. Hoy fue una jarra de agua, mañana… mañana será otra cosa.
Damas y caballeros: Hoy hemos visto el acto de María Música Sepúlveda que confundió franqueza con insolencia. Una muchacha que a todas luces está resentida con la sociedad, que tiene un uno en dominio propio y un siete de mal educada. Que se merece escribir cien veces en el pizarrón: No debo tirarle agua a la ministra.
Observe algo: En su declaración a la prensa habló de represión, de pacos, de guanacos, mismo lenguaje que usan los que vivieron la dictadura militar. La muchacha ha heredado el odio que no ha vivido sino escuchado desde que tiene uso de su poca razón. Si no quiere que la sancionen, entonces no haga cosas de grande. No se comporte como energúmena ¿o cree que vivimos en un pueblo sin ley?
En cuanto a la progenitora de esta niñita, hay mucho que decir, pero haga usted los comentarios, que los míos también se salieron de madre.